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UNA FALSA ALARMA


El siguiente artículo tomado de: Desastres y Sociedad /No. 6/ Año 4 Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina http://www.desenredando.org

UNA FALSA ALARMA -por Ricardo Mena, UNDHA, Ecuador

El análisis de una alerta para toda la cuenca del Pacífico de un tsunami que no se llegó a producir, le permite a Ricardo Mena verificar el conjunto de limitaciones que actualmente se percibe en el caso de nuestros países. Los temas críticos que surgen van desde aspectos técnicos tales como la relación no unívoca sismo-tsunami, hasta aquellos referidos a la cantidad de intermediarios que puede soportar un sistema de alerta efectivo, pasando por la discusión sobre la veracidad de los grandes mapas regionales de amenazas en relación a los países reales. El autor hace el análisis a través de un vivo relato en el que se ven aparecer y actuar a los medio de comunicación, a distintos organismos e instituciones y a las poblaciones.

RESUMEN

El día 4 de octubre de 1994 el Centro de Alerta para Tsunamis en el Pacífico, Pacific Tsunami Warning Center, (PTWC) de Hawai, emitió una alerta de tsunami para toda la cuenca del océano Pacífico a raíz del sismo de 7.9 grados de magnitud (escala de Richter) ocurrido al norte de Japón, el cual provocó algunos muertos, heridos y daños en la isla de Hokkaido y en las islas Kuriles de Rusia. Esta alerta provocó revuelo en varios de los países de la costa pacífica en América Latina, entre ellos el Ecuador. Ventajosamente, el tsunami anunciado no llegó a nuestras costas y, al margen de los problemas causados a los pobladores que debieron pasar una mala noche, cargando sus más valiosas pertenencias hacia un "lugar seguro", este acontecimiento dejó una buena cantidad de lecciones que es importante sean tomadas en cuenta por las instituciones a cargo de la mitigación, preparativos y manejo de emergencias en los países propensos a este tipo de fenómenos de la naturaleza. Este artículo se propone relatar esta experiencia y tratar de extraer algunas conclusiones que puedan ser de utilidad para el manejo de acontecimientos similares en el Ecuador y otros países de la cuenca del Pacífico en el futuro. Para un mejor entendimiento de la problemática alrededor de la cual se dio esta alerta, se presentan brevemente algunos antecedentes, las principales características de los tsunamis, su historia, las dificultades técnicas existentes para una eficaz evaluación de la amenaza y el modelaje de estos eventos naturales, y la forma como opera el sistema de alerta de tsunamis del PTWC.

ANTECEDENTES

El Ecuador, al igual que todos los países ubicados alrededor del "Círculo de Fuego" del océano Pacífico está sujeto a la ocurrencia de "tsunamis", enormes olas de origen sísmico provocadas por la ruptura del fondo marino por la interacción de las placas tectónicas, erupciones volcánicas o grandes deslizamientos en las cordilleras submarinas. La palabra "tsunami" es de origen japonés y traducida literalmente al español significa "gran ola en el puerto", y constituye el nombre técnico internacional dado a este fenómeno. Localmente se lo conoce también como maremoto.

En América del Sur la génesis de la mayoría de tsunamis registrados está relacionada con la actividad sísmica existente en la zona de subducción ente las placas tectónicas Nazca y Sudamericana, en el fondo del océano, aproximadamente de 50 a 70 kilómetros fuera de las costas continentales. La zona de subducción se extiende desde Chile hasta Centro América. La mayoría de eventos que han provocado daños en Ecuador y Colombia se han originado en un segmento de la zona de subducción que va desde Manabí en Ecuador, hasta Buenaventura en Colombia. (H. Meyer, A. Velásquez, 1992).

TIPOS DE TSUNAMIS

A los tsunamis provocados por sismos en la zona de subducción frente a nuestras costas, se los conoce como tsunamis de origen cercano y son los potencialmente más dañinos y devastadores. En algunos casos, el tiempo de llegada de la primera ola luego de ocurrido el sismo es de apenas 7 a 20 minutos (INOCAR 1992), lo que deja muy poco tiempo para activar sistemas de alerta y conseguir la evacuación de la población amenazada hacia zonas de seguridad. Según Imamura, su altura puede superar los 20 metros (DHA 1994), por lo que el grado de destrucción que estas olas pueden causar es de enormes proporciones. Los tsunamis de origen lejano o transoceánicos son aquellos que se originan al otro lado de la cuenca del Pacífico, a pesar de lo cual pueden llegar a nuestras costas y provocar daños graves. De lo que se conoce en la actualidad, todos los tsunamis registrados históricamente en Ecuador y Colombia, y que han causado daños de considerable magnitud, han sido de origen cercano. Sin embargo, son algunas las ocasiones en que un tsunami de origen transoceánico ha provocado numerosas muertes y cuantiosos daños al otro lado de la cuenca. Como ejemplo relativamente reciente se puede anotar el sismo ocurrido el 22 de mayo de 1960 frente a las costas de Chile, que dio origen a un tsunami que provocó centenares de muertos en Chile y decenas de muertos tan lejos como en Hawai, Filipinas y Japón.

HISTORIA DE LOS TSUNAMIS EN EL ECUADOR

En los últimos 100 años, se han registrado en el Ecuador cinco tsunamis: el de 1906 en Esmeraldas, 1933 en Santa Elena, 1953 en la frontera peruano-ecuatoriana, 1958 en Esmeraldas y 1979 en la frontera colombo-ecuatoriana. Ventajosamente, ninguno de estos eventos provocó mayores daños, debido principalmente a que su ocurrencia coincidió con algunas circunstancias atenuantes, como el hecho de que la marea estaba en su punto bajo el momento de presentarse el fenómeno y debido a que el desarrollo de la zona costera era muy incipiente hasta antes de 1960. En consecuencia, podría decirse que no se ha experimentado aún un evento máximo probable y, debido al alto crecimiento poblacional y el desarrollo de la zona costera (turismo, pesca, camaroneras, etc.), el nivel de riesgo existente actualmente es muy superior al que existía hasta antes de 1960.

SITUACIÓN ACTUAL

En varios países de América Latina se han desarrollado estudios técnicos sobre la amenaza por tsunamis gracias al apoyo brindado por organismos internacionales como el Departamento de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (UNDHA), el Cuerpo Suizo de Socorro en caso de Catástrofes, los gobiernos de Japón, Canadá, Estados Unidos, entre otros. Dichos estudios tienen por objeto analizar la amenaza sísmica existente y determinar el tiempo de arribo y la altura estimada de ola para las diferentes poblaciones bajo riesgo. En base a esta información, se promueve la elaboración de mapas de amenaza, a partir de los cuales se elaboran escenarios de riesgo que constituyen la base para la planificación de actividades de prevención, mitigación y de preparativos para desastres. Un ejemplo a seguir en cuanto a las actividades de prevención y mitigación de los potenciales efectos de un tsunami, es el programa desarrollado en Colombia para la reducción del riesgo frente a este fenómeno en la población de Tumaco, el mismo que incluye entre otras acciones, la reubicación de viviendas ubicadas en zonas de máximo riesgo y la redefinición de su plan de ordenamiento territorial.

MIRANDO HACIA EL FUTURO

En Ecuador y Colombia, el tema de los tsunamis es particularmente preocupante ya que existen pronósticos del Servicio Geológico de los Estados Unidos (S. Nishenko, 1989) y de la Academia de Ciencias Rusa (K. Borok) que otorgan un alto porcentaje de probabilidad a la ocurrencia de un sismo de gran magnitud en la zona de subducción frente a la costa norte de Ecuador (provincias de Esmeraldas y Manabí), entre 1989 y 1999. Nótese que he usado el término "pronósticos" y no "predicciones" ya que de acuerdo con el estado actual del conocimiento de las ciencias de la tierra, no es factible predecir la ocurrencia de eventos sísmicos. Al contrario, los pronósticos sobre el potencial de actividad sísmica son cada vez más acertados para eventos de origen tectónico. Si bien estos pronósticos tienen un alto grado de precisión, no son infalibles ya que se fundamentan en cálculos probabilísticos y en la información disponible sobre la dinámica de las zonas de subducción y los períodos de recurrencia de eventos sísmicos ocurridos en el pasado, información que en el caso de Ecuador es algo limitada ya que no existen registros de la actividad sísmica en Esmeraldas y Manabí que vayan más allá del siglo XIX, lo cual en términos geológicos es un período bastante corto.

MODELOS NUMÉRICOS

En lo que tiene relación con los estudios técnico-científicos, desafortunadamente, los modelos numéricos actualmente utilizados para pronosticar las características de los tsunamis son aún poco confiables, en particular para los tsunamis de origen cercano, que son los que más nos preocupan. En efecto, los modelos matemáticos y paquetes de simulación utilizados en la mayoría de estudios realizados en la región, se basan exclusivamente en el desplazamiento vertical producido por la fractura de la corteza terrestre en la zona de subducción, y ahora se conoce que las características del tsunami dependen también en buena medida de la forma y velocidad con la que ocurre dicha ruptura. Para citar un ejemplo, los estudios de amenaza de tsunami que se llevaron a cabo hace algunos años en Nicaragua, determinaron que la altura estimada de ola sería de 3.5 a 4 metros para un sismo de magnitud similar al que ocurrió en 1992. En realidad, cuando ocurrió el sismo, la altura de ola del tsunami que impactó a la costa de Nicaragua fue de aproximadamente 10 metros según los registros mareográficos. La enorme diferencia entre los datos del "modelo" y los "hechos reales" evidencian la existencia de un problema que requiere de la atención de los científicos en esta área. Otro factor de suma importancia que se evidenció durante la ocurrencia del evento de Nicaragua fue el hecho de que por la baja velocidad con que ocurrió la ruptura que provocó el sismo, su intensidad en la costa fue mínima, por lo que fue imperceptible para la población que minutos más tarde fue impactada por el tsunami. Este hecho revela la fragilidad de aquellos sistemas de alerta que parten de la premisa de que el propio sismo generador del tsunami será la "señal de alarma" para la población bajo riesgo. Nuevos sistemas electrónicos o electromagnéticos deberán ser diseñados para resolver este problema.

FACTORES QUE DETERMINAN LAS CARACTERÍSTICAS DE UN TSUNAMI Y EL GRADO DE VULNERABILIDAD DE LA POBLACIÓN.

Existen múltiples factores que hacen difícil y complejo determinar con exactitud las características de potenciales tsunamis y el grado de vulnerabilidad de las poblaciones propensas a estos fenómenos. No es la intención de este artículo tratar este tema a fondo de tal manera que se listan algunos factores que se considera son los más importantes y que contribuirá a un mejor entendimiento de la problemática:

Factores que definen las características del tsunami:

  • velocidad de ruptura en el proceso focal sísmico
  • batimetría (topografía del lecho oceánico)
  • tipo y forma de costa (bahía, ensenada, península, etc.)
  • tipo y forma de playa (tendida, acantilados, barra arenosa, etc.)
  • fenómenos de enfoque; difusión de ondas sísmicas: difracción, refracción, interferencias, resonancias
  • estado del mar (bajamar, pleamar)
  • polaridad de la primera ola

Factores que incrementan la vulnerabilidad de la población:

  • grado de concientización y preparación de la población
  • nivel de organización de la comunidad
  • ubicación de la población
  • factores socio-culturales (costumbres populares)
  • época del año en que ocurre el tsunami (temporada turística)
  • hora de ocurrencia (día, noche)
  • disponibilidad de alerta y efectividad de la misma
  • densidad demográfica
  • nivel de pobreza y marginalidad
EL SISTEMA DE ALERTA DE TSUNAMIS DEL PACIFIC TSUNAMI WARNING CENTER (PTWC)

El sistema de alerta de tsunamis del PTWC se basa en una red de sismógrafos y mareógrafos que permiten determinar cuándo un terremoto puede dar origen a un tsunami. La información producida por el PTWC es difundida entre los países miembros del Sistema de Alerta, a través de la Red Aeronáutica Fija Permanente de Telex, conocida por su acronimio en inglés AFTN (Aereonautical Fixed Telecommunications Network).

El PTWC emite cinco tipos de mensajes :
 
  • Mensaje de Ejercicio de Tsunami: se realiza regularmente para mantener activa la red de comunicaciones del sistema de alerta y para probar la rapidez de las comunicaciones entre el PTWC y los países miembros y ejercitar a los operadores que los reciben.
     
  • Mensaje de Información de Tsunami: avisa sobre la ocurrencia de un sismo en algún lugar de la cuenca del Pacífico, pero que no ha generado un tsunami.
     
  • Mensaje de Aviso/Alerta de Tsunami: informa sobre la ocurrencia de sismos en la cuenca del Pacífico a causa de los cuales existe la probabilidad de que se genere un tsunami.
     
  • Mensaje de advertencia de tsunami: este indica que un tsunami se ha generado y que puede representar una amenaza para las costas e islas de la cuenca del Pacífico. Este incluye un informe sobre los lugares donde se han reportado tsunamis y detalla los tiempos estimados de arribo de la primera ola a cada lugar. Únicamente este mensaje demanda de una acción de evacuación poblacional, a criterio de las autoridades a cargo del manejo de emergencias en cada país.
  • En el caso del Ecuador, los mensajes del PTWC son recibidos a través de la Aviación Civil del Perú, estación SPIM, la cual los retransmite a la Aviación Civil del Ecuador, en Guayaquil, estación SEGU. Esta a su vez transmite la información por telex al Instituto Oceanográfico de la Armada, INOCAR, representante oficial del Ecuador ante el PTWC. Siguiendo la cadena, INOCAR transmite el texto de la alerta a la Dirección Nacional de Defensa Civil, institución que se encarga de alertar a la población en las zonas de riesgo. A simple vista se puede notar que se trata de un sistema que tiene demasiados puntos de transferencia de la información, lo cual se presta para que existan retrasos involuntarios y falta de oportunidad en la recepción por parte de quienes la necesitan para actuar de inmediato en un asunto del cual pueden depender las vidas de cientos de personas. Lo ideal y deseable sería que un sistema de este tipo este diseñado de tal manera que la alerta sea transmitida en forma automática y directa a la institución bajo cuya responsabilidad está la activación de la alerta y alarma para la evacuación de la población bajo riesgo, sin muchos "intermediarios". Esto resulta especialmente crítico para tsunamis de origen cercano, cuyo impacto puede ocurrir a escasos minutos del momento en que ocurre el sismo que lo provoca.

    Pero no sólo este problema de comunicaciones hace que este sistema sea de relativamente baja utilidad para el Ecuador ya que en las poblaciones ubicadas en las zonas de alto riesgo, no existe hasta esta fecha un sistema de alerta, razón por la cual Defensa Civil depende totalmente del alcance y la capacidad de difusión que puedan tener los medios de comunicación social que, si bien tienen buena cobertura, no están debidamente capacitados y no pueden reaccionar con la prontitud que este tipo de eventos requiere. Por otro lado, la población no podría reaccionar en la forma que se espera si no ha sido previamente preparada, organizada y entrenada.

    A más del PTWC, existen otras fuentes de información sobre la generación de tsunamis en el Pacífico, con las cuales Ecuador no tiene establecido contacto al momento. Se trata fundamentalmente del CPPT en Tahiti y la Universidad de Tohoku en Japón. En Colombia por ejemplo, el Observatorio Sismológico del Sur occidente Colombiano, OSSO -entidad a cargo del manejo de las alertas de tsunamis en dicho país- mantiene contactos con estas tres instituciones y evalúa y "cruza" la información obtenida de las diferentes fuentes antes de determinar si se recomienda o no una evacuación poblacional. Anteriormente, las evacuaciones se sugerían automáticamente una vez que el mensaje de advertencia era recibido desde el PTWC. Esta práctica llevó a que sucedieran algunas falsas alarmas que causaron mucho desasosiego y trastornos, en particular en la alerta difundida en 1986, que no tuvo ningún efecto -como ocurrió también con la alerta que es objeto de este articulo- a pesar de lo cual causó un gran revuelo en las poblaciones potencialmente amenazadas (H. Meyer, 1994).

    CRONOLOGÍA DE LA ALERTA DEL 4 DE OCTUBRE DE 1994 EN ECUADOR

    El primer mensaje de advertencia fue emitido por el PTWC a las 14:25 UTC (9:25 hora local) del día 4 de octubre de 1994. El texto del mensaje mencionaba la ocurrencia de un sismo de magnitud preliminar 8.2 a las 13:23 UTC, con epicentro frente a la costa noreste de Hokkaido, Japón, y la generación de un tsunami que podría causar daños en las costas e islas del Pacífico. El mensaje mencionaba también que las alturas de olas no podían ser predichas y que podría haber una serie de olas potencialmente peligrosas durante varias horas luego del arribo de la primera ola. Especificaba también los tiempos estimados de arribo de la primera ola a los diferentes países. En el caso ecuatoriano se estableció la llegada de la primera ola para las 01:40 (hora local) del día 5 de octubre en la isla de Baltra, provincia de Galápagos. Otra información importante que se anotaba en el mensaje sugería que en caso de que no se registrara un tsunami luego de dos horas del tiempo estimado de arribo, o si no habían ocurrido olas que hubiesen provocado daño durante un periodo de por lo menos dos horas, las autoridades locales deberían asumir que la amenaza de tsunami había pasado. Finalmente, indicaba, que en vista de que las condiciones locales podrían hacer variar significativamente las características de los tsunami, serían las autoridades nacionales competentes las que deberían tomar las decisiones respecto a la evacuación o no de la población vulnerable. Este mensaje fue recibido por INOCAR en forma directa desde el PTWC a las 14:59 UTC, 9:59 hora local. La recepción directa del mensaje obedecía a los cambios que están siendo introducidos por el PTWC para mejorar el nivel de redundancia de la red de alerta. Este mensaje, a pesar de constituir un mensaje de advertencia, no fue retransmitido por el INOCAR a Defensa Civil, institución encargada del establecimiento y difusión de las alertas hacia la población. El segundo mensaje fue recibido por el INOCAR a las 11:01 (hora local). Pocos minutos después, a las 11:16 se informó sobre su contenido a Defensa Civil, institución que demoró en reaccionar hasta las 14:50, entre otras razones, debido a la ausencia de procedimientos operativos que garanticen un manejo apropiado y seguro de la información en casos de emergencia. Esta información fue también transmitida a todas las Capitanías de Puerto para que éstas alertaran a los pescadores y embarcaciones que operaban en su jurisdicción.

    A partir de este momento se dio inicio a la respuesta de la emergencia por parte de las instituciones encargadas de su manejo en el Ecuador, el mismo que evidenció una serie de falencias que dejan al descubierto la baja capacidad de respuesta del país frente a este tipo de eventos.

    LA RESPUESTA A LA EMERGENCIA

    A las 14:50, Defensa Civil inició una serie de acciones para alertar a la población en su calidad de vocero oficial del gobierno. Se tomó la decisión de ordenar una evacuación de las poblaciones ubicadas en la línea de costa, recomendándole a sus habitantes que se alejaran 500 metros de la playa hacia el interior, preferiblemente hacia zonas altas. El primer obstáculo que se presentó al interior de la Defensa Civil para poner en práctica esta orden fue el hecho de que no se contaba con una estrategia informativa para casos de emergencias, lo cual demoró y dificultó mucho la tarea informativa. Se realizaron contactos con los coordinadores de las Juntas Provinciales de Defensa Civil y los principales canales de televisión y emisoras de radio con alto nivel de sintonía en la costa y Galápagos. Este proceso tomó algún tiempo ya que no existían sistemas automáticos de transmisión de información disponibles hacia los medios de comunicación ni Juntas Provinciales, teniéndose que utilizar para el efecto teléfono, radio o facsímile, uno por uno. Adicionalmente, no existían mensajes pre elaborados que pudieran ser difundidos inmediatamente. Esto obligó a que se tuvieran que elaborar mensajes en ese mismo momento, produciéndose errores y omisiones en su redacción.

    Otro serio obstáculo que se presentó fue la falta de conocimiento que existía en la población sobre lo que debía hacer en casos de una emergencia como la que se vivía. A donde debo ir? Qué lugar puede considerarse como seguro? Dónde quedan estos "lugares seguros" en mi comunidad? Que ruta debo utilizar para evacuar? Qué puedo llevar conmigo? Cuánto tiempo debo permanecer allí? Quién me proveerá alimentos y atención médica en caso de requerirla?... Estas fueron algunas de las preguntas que surgieron en la población y que en muchos casos quedaron sin respuesta.

    Antes de la ocurrencia de esta alerta, sólo la población de las ciudades de Esmeraldas, Manta y La Libertad habían atravesado por la experiencia de realizar un ejercicio de evacuación poblacional "selectivo", es decir, en el que participaban únicamente el sector de más alto riesgo de la ciudad, según los mapas elaborados por el INOCAR. Estos ejercicios se llevaron a cabo debido a que dichas poblaciones estaban consideradas dentro de las hipótesis de desastres alrededor de las cuales se desarrolló el Programa de Mitigación de los Desastres Naturales y Preparación para enfrentarlos en el Ecuador coordinado por el Departamento de las Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios. El resto de poblaciones, es decir la mayoría, conocían poco o nada en relación con los tsunamis y no tenían a la mano un plan de evacuación ni la capacitación como para llevarlo a la práctica.

    La ausencia de medios adecuados de comunicación entre la Dirección Nacional de Defensa Civil y sus Juntas Provinciales hizo que la recepción de la información por parte de estas últimas fuera demasiado tarde. Por ejemplo, según el relato del Coordinador de Defensa Civil de la Provincia de Manabí durante un taller sobre "Lecciones Aprendidas" a raíz de esta experiencia, realizado en la ciudad de Guayaquil bajo el auspicio del UNDHA en junio de 1995, recibió la información sobre la alerta apenas a las 17:00 (hora local), a pesar de que en dicha provincia existen un gran número de poblaciones altamente vulnerables frente a los tsunamis. Paralelamente, Defensa Civil intentaba tomar contacto con el INOCAR para verificar la información recibida y conocer noticias más recientes, intentos que resultaron vanos ya que fue imposible hacer contacto con el INOCAR y no existía ningún otro medio directo de comunicación entre estas dos instituciones. A través de la oficina regional del UNDHA en Quito, aproximadamente a las 16:00 (hora local), se logró hacer contacto telefónico con el PTWC y la Defensa Civil de Hawai, quienes informaron que la alerta había sido cancelada ya que ni en Hawai ni en otras islas del Pacífico se habían registrado anomalías significativas, lo cual significaba que para las costas de América, el peligro había desaparecido. Esta noticia fue inmediatamente compartida con la Defensa Civil; sin embargo, sus autoridades decidieron mantener la alerta hasta que se recibiera una notificación escrita del PTWC.

    Como era de esperarse, debido a los innumerables requerimientos de información dirigidos al PTWC y la dificultad en las conexiones telefónicas internacionales, la confirmación escrita sobre la cancelación de la alerta demoró algunas horas en llegar al fax de Defensa Civil. Mientras tanto, el tiempo pasaba y las posibilidades de anunciar a la población sobre el retorno a la normalidad a través de los noticieros de televisión se iban escapando. Surgió entonces la idea de tomar contacto con la Dirección para la Prevención y Atención de Desastres de Colombia para conocer que estaba pasando en Colombia con respecto a este mismo asunto. Su director informó entonces que, efectivamente, Colombia conocía ya de la cancelación de la alerta y que no se había recomendado la evacuación de la población. A pesar de estas evidencias, la decisión de cancelar la alerta fue tomada únicamente cuando llegó el mensaje oficial del PTWC. La demora en la toma de esta decisión impidió que se pudiera difundir oportunamente la cancelación de la alerta por los medios de comunicación social, por lo que un gran número de habitantes de las islas Galápagos y de la costa estuvieron en lugares elevados, en vela, esperando el tsunami anunciado que nunca llegó....

    Con respecto a este tema, me cuestiono hasta que punto debe una autoridad nacional ceñirse exclusivamente a los comunicados oficiales por escrito para respaldar sus decisiones, en especial cuando existen informes verbales de fuentes oficiales, absolutamente confiables, que habrían podido ahorrar un gran susto y una mala noche a muchos ciudadanos, cuya credibilidad en la información oficial debe haberse depreciado considerablemente.

    ACTUACIÓN DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

    En general, los medios de comunicación tuvieron una respuesta ágil y entusiasta. Sin embargo, se difundieron algunos mensajes sensacionalistas, quizás por la falta de información recibida de parte de los voceros oficiales ya que únicamente dos boletines fueron emitidos durante la crisis. Esto provocó preocupación en los medios, que se reflejó en las constantes llamadas telefónicas a Defensa Civil requiriendo mayor información. Tan pronto se comunicó oficialmente a los medios sobre la alerta, los canales de televisión realizaron informativos de última hora, interrumpiendo su programación regular para informar a la población sobre el riesgo existente. Igual cosa realizaron algunas estaciones de radio. Los medios impresos fueron más bien escuetos en la información proporcionada el día después del suceso. Las principales noticias sobre el tema tenían que ver, más bien, con información del cable internacional y la situación en Japón, Chile, Nicaragua y Canadá, que sobre lo que había acontecido en el país. El periódico HOY que informó sobre la situación en el país anotó, entre otras cosas, lo siguiente: "...la gente en Galápagos reaccionó con pánico ante las anunciados 'tsunamis', refugiándose en las partes más altas de las islas y sacando de sus hogares todos los objetos de valor, ya que las versiones, algunas exageradas, apuntaban a un desastre completo. Fue una pésima noche para los colonos." (sic). Y agregaba luego: "En las costas manabitas, los pequeños pescadores artesanales tuvieron que fondear sus embarcaciones para evitar percances. Varios de ellos dijeron que el fenómeno no era posible puesto que el mar en las últimas semanas había estado tranquilo, situación que no ha variado, incluso en los últimos días. La aparente presencia de estas olas grandes, también dio lugar para que varias personas que habitan en la península de Santa Elena, empezaran a preparar ritos litúrgicos, con el fin de pedir ayuda a los poderes divinos. No faltaron las celebraciones de misas, procesiones en la noche del martes, lo que inclusive fue corroborado por las transmisiones de varias emisoras guayaquileñas, uno de cuyos locutores enviaba reportes diciendo que 'esperaba el maremoto desde el mismo sitio del suceso'." (sic).

    Estas noticias evidencian la falta de preparación de la población y de los medios de comunicación social para el manejo de situaciones de este tipo y, por otro lado, reflejan los desaciertos de la Defensa Civil en el campo de la información pública.

    CONCLUSIONES

    De acuerdo con la experiencia relatada anteriormente, se hace indispensable revisar algunos aspectos que deben ser tomados en consideración de manera prioritaria por las instituciones a cargo de la prevención, mitigación, preparativos y respuesta a desastres en aquellos países propensos a la ocurrencia de tsunamis. Sería irresponsable postergar la toma de decisiones de cuya aplicación pueden depender las vidas y bienes de una gran cantidad de personas. A manera de conclusión me permito anotar los siguientes puntos:

    • Las instituciones que monitorean la actividad sísmica en países propensos a la ocurrencia de tsunamis deberían contar con instrumentos que permitan una detección oportuna de sismos generadores de tsunamis cercanos. Para ello, según los técnicos, es necesario contar con sismómetros de banda ancha que son los que permiten detectar en forma rápida y precisa el epicentro, magnitud y frecuencia de los sismos para determinar si pueden o no provocar un tsunami. Estos instrumentos son la base para el establecimiento de un sistema de alerta y alarma ya que, como se indicó anteriormente, el propio sismo no necesariamente se constituye en la "señal" a partir de la cual la población debe actuar, ya que, como sucedió en Nicaragua, la intensidad del sismo en la costa puede ser tan reducida que no es perceptible para la población; sin embargo, si puede provocar un tsunami destructor.
       
    • En el caso de tsunamis de origen cercano, debido al escaso tiempo disponible entre el momento en que ocurre el sismo, su interpretación técnica para determinar si es tsunamigenético, y la llegada de la primera ola a la playa (entre 7 y 30 minutos), los sistemas de alerta y alarma deben estar diseñados con la menor cantidad posible de intermediarios, ésto es, desde las entidades técnicas que interpretan el sismo, directamente hacia la población en riesgo. Cualquier sistema que tenga más intermediarios corre el riesgo de ser extemporáneo.
       
    • Los mapas de amenazas existentes en la actualidad deben ser vistos con cautela ya que las características de un tsunami hipotético definidas por los técnicos -por las razones antes expuestas- pueden diferir significativamente con los hechos reales. Consecuentemente, para efectos de ordenamiento territorial, planificación y preparativos para emergencias, debe considerarse siempre el peor escenario posible.
       
    • Debe alertarse a la comunidad sobre el alto riesgo asociado con la tala de manglares, protección natural frente a los tsunamis, y el desarrollo de grandes proyectos turísticos en lugares altamente vulnerables frente a la ocurrencia de este fenómeno.
       
    • Es necesario integrar esfuerzos de los diferentes países e instituciones técnicas que estudian los tsunamis con el fin de intercambiar el conocimiento científico y las experiencias desarrolladas por cada uno de ellos. De esta manera será posible mejorar el grado de precisión de los modelos numéricos actualmente utilizados.
       
    • Es imprescindible mejorar el nivel de redundancia de la red de alerta de tsunamis del PTWC. Por otro lado, deben establecerse procedimientos operativos que impidan que una alerta de tsunami sea difundida a toda la cuenca del Pacífico, cuando de acuerdo con sus características ésto no sea necesario.
       
    • En el campo de los preparativos para emergencias, es indispensable que las agencias de socorro cuenten con los planes respectivos y los practiquen internamente y con la población en forma regular, por lo menos una vez por año, para que cuando ocurra una emergencia real, exista ya en estas instituciones y en la población una experiencia que les permita actuar con tranquilidad y en forma ordenada.
       
    • Si las poblaciones en riesgo no conocen sobre el fenómeno, sus efectos y las medidas de prevención y auto protección, los sistemas de alerta y alarma tampoco serán de mayor utilidad. Es necesario emprender un esfuerzo masivo de educación y de toma de conciencia pública sobre el tema. La definición de los lugares seguros, albergues temporales y rutas de evacuación son aspectos  e mucha importancia que deberán tomarse en cuenta en este proceso.
       
    • Para asegurar un adecuado manejo de la información, es importante que se desarrollen textos, mensajes y videos pregrabados con información sobre lo que la población debe realizar en caso se presente uno de estos fenómenos y se distribuyan a las radiodifusoras, canales de televisión y periódicos, antes de que un nuevo evento nos ocupe. Esta recomendación debe hacerse extensiva para el resto de amenazas naturales de probable ocurrencia en las diferentes zonas del país.
       
    • Finalmente, es necesario desarrollar sistemas operativos normales para el manejo de emergencias de tal manera que los administradores de emergencias y operadores de sistemas de comunicaciones y alerta cuenten con un instrumento que les asistan en las acciones a seguirse en estos casos.

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