EVALUACIÓN DEL DESASTRE Y LOS PELIGROS RESIDUALES EN EL VOLCÁN CASITA

 

 

 

5.         VOLCÁN CASITA

 

5.1            Antecedente

 

Alrededor de las 11.00 hs. del día viernes 30 de diciembre de 1998 un fenómeno complejo causó la muerte de algo menos de 2000 personas en dos localidades situadas cerca al volcán Casita. Es evidente que el desastre tuvo relación directa con las precipitaciones excepcionales causadas por el huracán Mitch.

 

Este evento tiene características únicas, pues combina varios procesos de inestabilidad de masas e hidrológicos, por lo que su tipología e interpretación resultan difíciles. Varias incógnitas quedan por resolver.

 

5.2            Contexto geológico

 

 

El mapa geológico del complejo san Cristóbal presentado por el INETER muestra el condicionante estructural que definió el desastre: un graben delimitado por dos fallas paralelas de rumbo NE-SO y una falla oblicua al graben, de dirección aproximada N70ºO. La intersección de ambos accidentes estructurales define una cuña y una escarpa donde se dio el derrumbe.

 

5.3            Tipificación  del proceso

 

Resulta difícil encasillar lo ocurrido dentro de determinada clasificación de fenómenos de inestabilidad y/o torrenciales. En realidad hubo una combinación muy rara de procesos sucesivos o yuxtapuestos que dieron al fenómeno un carácter excepcional, tanto desde el punto de vista geológico como del desastre subsecuente.

 

En nuestra opinión la sucesión de procesos fue la siguiente: un derrumbe desencadenante, un flujo de detritos y, finalmente una tromba de agua con menor contenido de sólidos.

 

El fenómeno desencadenante fue, sin lugar a dudas, un derrumbe, cuyo volumen debió variar entre los 130,000 m3 y los 200,000 m3.

 

El flujo de detritos se produjo con el aporte sólido de buena parte del derrumbe más los suelos erosionados. Esta masa comenzó a disiparse a unos tres kilómetros de la fuente depositando sus sedimentos en un frente bastante amplio. Al mismo tiempo se producía la desaturación violenta que alimentó una gran ola, que denominaremos tromba de agua, causante de los mayores daños. Esta tromba contenía una cantidad de sedimentos menor a la del flujo intermedio, pero con mayor proporción de finos, levantados de los suelos agricolas. Esto explica el porqué la erosión sobre los terrenos devastados sea casi inexistente, mientras que los cauces fluviales que transportaban los restos del flujo de detritos se ensanchaban más aún. Por esta misma razón tampoco convendría clasificar esta masa final como un flujo de detritos.

 

Con referencia al cráter existía alguna probabilidad que el agua acumulada dentro del mismo podía haber infiltrado hacia el acantilado provocando el derrumbe. Las observaciones in situ y el análisis del nicho de arranque permiten asegurar que esto no sucedió.

 

La acumulación de agua dentro del cráter alcanzó hasta unos cuatro a cinco metros de profundidad. La cantidad de arcillas que cubren el fondo del cráter ha reducido mucho su permeabilidad. Tras el desastre (y según testimonio de la familia que tiene vivienda al interior) el nivel de agua prácticamente no cambió. El agua sigue bajando de nivel hasta la fecha pero por efecto de la evapotranspiración y, seguramente, pero en mucha menor medida, por infiltración.

 

El nicho de arranque no existen evidencias de salida de aguas a presión.

 

Lo más probable es que la masa implicada estuvo ya suficientemente preparada con anterioridad para provocar el derrumbe, por sus condiciones estructurales y litológicas. El agua durante el huracán fue sólo el factor desencadenante que incrementó el peso y la circulación por y, consiguientemente, la presión intersticial, por lo que el efecto del empuje de Arquímedes fue suficiente para provocar la ruptura final.

 

 

5.4            Interpretación del fenómeno

 

El desprendimiento de rocas se produjo en una zona particularmente susceptible a las inestabilidades súbitas tipo derrumbe, donde el factor estructural es determinante. Existe allí una intersección de fallas que forman una cuña en roca muy fracturada. La material subyacente está fracturado y muy afectado por alteración hidrotermal.

 

Topográficamente, la ladera es muy empinada (pendiente media de 55º).

 

Además de que muy posiblemente las precipitaciones en la cima del macizo hayan sido mayores que en el resto de la cuenca debido al factor orográfico, la cantidad de agua que produjo el desastre tiene dos fuentes probables:

 

La primera proviene del hecho de que en los días precedentes la cantidad de lluvias fue enorme y que el día mismo del desastre las precipitaciones alcanzaron los 500 mm. La retención de estos terrenos no parece ser muy importante por la intercalación de capas lávicas con horizontes cineríticos, mientras que el nivel freático es profundo (los pozos de agua más cercanos tienen profundidades de 80 metros y el enterrado cerca de Rolando Rodríguez superaba los 100 m); es obvio pensar que el terreno estaba sobresaturado y próximo a la licuefacción.

 

La segunda fuente nació cuando, al ocurrir el derrumbe y el consiguiente debris flow, esta masa densa causó amplios frentes de erosión tanto en los cauces preexistentes como en los terrenos barridos por el flujo. Es a lo largo de estos frentes que se produjo un proceso de desaturación, o, más bien, de drenaje violento de los suelos y del horizonte superior de las rocas alteradas que alimentaron la masa inicial. La prueba de este hecho la dan una serie de conductos que aparecen en los horizontes de suelo cinerítico, donde se nota que el agua salió a presión hacia los cauces del flujo.

 

Luego la masa densa del debris flow fue perdiendo fuerza mientras que la desaturación aumentaba produciendo la ola que barrió con los pueblos mencionados. Otra prueba que contribuye a esta hipótesis es el cambio de coloración en los depósitos sedimentarios productos del desastre. Hasta cierto tramo, donde actuó el flujo de detritos, la coloración tiende al gris claro (correspondiente al color de la roca aflorante en la zona de arranque) mientras que donde actuó la tromba de agua, los sedimentos tornan al rojo.

 

 

5.5            Comentario sobre algunas hipótesis

 

Dos hipótesis de interpretación se dieron para comprender las excepcionales características de este fenómeno: la primera se refiere a la formación de un represamiento temporal en la parte superior del macizo y, la otra, al posible aporte de agua desde el cráter. Con ambas hipótesis se buscaba justificar la enorme cantidad de agua que causó el desastre y su enorme fuerza destructiva.

 

Las evidencias de terreno y las condiciones geológicas del lugar no permiten sostener estas interpretaciones. Entre las razones que podemos invocar se tiene:

 

·       Los testimonios de los sobrevivientes y de pobladores de Posoltega y vecindades indican   unánimemente que la tromba de agua llegó a eso de las 11.00 de la mañana, o sea pocos minutos después de haber ocurrido el derrumbe y no en la tarde.

 

·       El tipo de material derrumbado presenta características granulométricas poco o nada favorables a por lo menos la relativa impermeabilidad que se necesitaba para un represamiento incluso temporal. Hay predominio de bloques y un bajo contenido de finos, lo que implica una bajísima capacidad de retención de agua. Incluso en el caso hipotético de existencia de un dique, los finos habrían sido rápidamente barridos por la escorrentía.

 

·       Las fuertes pendientes del cauce y de esta parte somital del volcán no pudieron haber permitido la formación del dique, sobre todo en condiciones tan especiales de precipitaciones intensas y de escorrentía con volúmenes importantes y altas velocidades por la fuerte gradiente. Todo ello no debió haber permitido la permanencia de una masa transversal a la pendiente por mucho tiempo.

 

·       Los dos frentes de ruptura que dieron lugar a las dos coladas (la segunda orientada hacia Argelia) corresponden a un solo y único episodio de ruptura. La doble dirección de los flujos se explica por la morfología anterior al desastre (una especie de espolón poco desarrollado con dos paredes en cuña orientadas respectivamente hacia ambos cauces de flujo). Al momento de la desintegración del acantilado rocoso, el frente suroriental se desmoronó hacia esa dirección y la masa mayor hacia el cauce predominante.

 

·       Los grandes bloques que se ven en buena parte del trayecto del aluvión no fueron transportados por el fenómeno reciente sino que corresponden a un proceso similar más antiguo y de mayor magnitud. Corroboran esta afirmación el grado de alteración que muestran los bloques, la existencia de muchos de ellos semienterrados dentro de terrenos que no sufrieron erosión y donde tampoco hay pruebas de impacto balístico. En los cauces de circulación del debris flow, los restos del antiguo flujo fueron denudados por la corriente densa, como lo demuestran las muescas que barrieron con la capa de alteración pero sólo en su parte superior y no así en la encajada dentro de los depósitos sedimentarios.

 

5.6            Antecedentes

 

Existen numerosos conos coluviales y rocas dispersas que indican la ocurrencia casi regular en el pasado de derrumbes y caídas de bloques en el área media a superior del macizo volcánico.

 

En la zona de recubrimiento del flujo de detritos y de la tromba de agua se han encontrado depósitos aluviales y otras expresiones morfológicas que denuncian la ocurrencia en el pasado de por lo menos un evento similar e incluso de mayor magnitud. Sería interesar realizar una investigación paleontológica que permita datar la edad de dicho flujo probablemente prehistórico, por cuanto la memoria colectiva no guarda recuerdo de algún proceso semejante.

 

El frente de arranque de este fenómeno posiblemente prehistórico se ubica a la derecha del actual, en dirección al san Cristóbal y el cauce inicial de transporte está señalado por una quebrada paralela a la reciente. Ambos frentes de arranque se ubican, por el contrario sobre un mismo acantilado, correspondiente a un mismo espejo de falla.

 

5.7            Peligro residual

 

Hasta la actualidad y durante los meses (incluso años venideros) continuarán los derrumbes y caídas de bloques en la zona del nicho de arranque, aunque su avance será amortiguado por los restos del último evento. Igualmente la erosión de riberas ha provocado varios deslizamientos poco profundos que, muy probablemente, serán erosionados durante los siguientes períodos de lluvias.

 

Tampoco se descarta la ocurrencia de nuevas coladas de detritos pero de efecto restringido y que serán disipadas por la morfología rugosa de los depósitos aluviales actuales y en los grandes cauces abiertos o ensanchados durante el episodio catastrófico.

 

El acantilado definido por las fallas somitales del Casita muestran importantes masas inestables a subestables que provocarán nuevos derrumbes. Dada su ubicación y el estado de la roca, cualquier trabajo de estabilización sería inviable, por lo que son recomendables básicamente los trabajos de auscultación y vigilancia continua.

 

 

5.8            Cálculo de masas rocosas peligrosas

 

La escala de las cartas topográficas existentes sólo permiten un cálculo aproximativo de las masas rocosas que representan un peligro latente en el frente de fallas del Casita.

 

 

5.9            Flujo de detritos y peligros residuales en la vertiente norte del Casita

 

Como es sabido, en esta vertiente se produjo otro flujo de detritos de menor magnitud que en la vertiente opuesta, pero que también se extendió a varios kilómetros de su fuente.

 

El proceso fue al parecer similar: derrumbe a lo largo de una escarpa de falla, implicando roca muy fracturada y evolución hacia un flujo de detritos. En este caso no hubo tromba de agua.

 

5.10        Peligros latentes en algunos frentes del volcán san Cristóbal

 

Las observaciones hechas a distancia sobre las vertientes suroccidental y occidental del volcán san Cristóbal permiten designar la existencia de zonas y franjas de erosión que indicarían posibles fuentes de derrumbes y de coladas.

 

5.11        Recomendaciones

 

·       Iniciar un programa de vigilancia continua de los acantilados rocosos próximos al cráter del volcán Casita, frente noroccidental.

 

·       Realizar, en lo posible, un desquinche de nichos de arranque en los acantilados somitales (zona del domo afectado por cruce de fallas).

 

·       Realizar un programa de reforestación y recuperación de la cubierta vegetal en los cauces torrenciales, para reducir procesos de erosión extendidos que puedan degenerar en coladas de lodo.

 

·       Es inevitable que la zona vuelva a ser explotada agrícolamente. La recomendación debe orientarse a que se permitan explotaciones agrarias razonables pero sin implantaciones de viviendas y señalando zonas de refugio, a la par que un sistema de monitoreo continuo.