INTRODUCCIÓN

 

 

 

 

En los últimos años ha habido un interés creciente en la comunidad científica que trabaja sobre el riesgo sísmico con respecto a la necesidad de ampliar el alcance de estudios de riesgos, a fin de lograr un mejor entendimiento no solamente del daño directo físico debido a sismos, sino también de la respuesta comprensiva de un sistema a escalas diferentes.  Otro punto importante está dirigido al mejoramiento de la comunicación entre la comunidad científica y los usuarios finales, es decir, entes gubernamentales y líderes comunitarios [62].

 

El distanciamiento que existe entre la comunidad científica colombiana dedicada a la evaluación y análisis de vulnerabilidad sísmica y los entes dirigentes del país, es un problema constante que impide el avance de políticas dirigidas a la disminución de la vulnerabilidad sísmica, no sólo de edificaciones indispensables, sino también de viviendas de 1 y 2 pisos, que conforman más del 80% de las edificaciones de Colombia, y de sistemas vitales como los acueductos, gaseoductos, tendidos eléctricos, etc.  Un hecho que soporta esta aseveración es el aún inexistente estudio de microzonificación sísmica para la ciudad de Cali y el retraso de estudios de vulnerabilidad sísmica de las estructuras indispensables de la ciudad y de un estudio de vulnerabilidad sísmica a gran escala, VSG, para al menos, las estructuras más predominantes de Cali.

 

Gracias al sismo del Eje Cafetero de enero de 1999, la clase dirigente del Valle del Cauca ha iniciado un aparente primer acercamiento a esta problemática y la Universidad del Valle, como institución científica, ha sido asignada en varias oportunidades a calcular la vulnerabilidad sísmica y a proponer medidas de reforzamiento para estructuras indispensables y/o culturalmente valiosas del norte del departamento.  Sin embargo, la ciudad de Cali, centro administrativo, económico, cultural y político del Sur Occidente colombiano no ha recibido aún una atención eficiente para mitigar la vulnerabilidad sísmica de sus edificaciones ni ha, a excepción de trabajos como el de la ingeniera Ana Campos [25], evaluado seriamente lo que podría significar en términos de daños y pérdidas humanas, un sismo para la ciudad.

 

La responsabilidad de llevar a cabo estas evaluaciones no recaen únicamente en la administración política de la ciudad, llámese Alcaldía Municipal, sino también en las instituciones de educación superior e instituciones de investigación asociadas a ellas.  Por lo tanto, mientras no exista un vínculo serio que permita la interacción Alcaldía-Universidad, cualquier estudio o proyecto dirigido al análisis de vulnerabilidad sísmica de la ciudad, no tendrá eco y fácilmente será archivado sin políticas que lo respalden.

 

Desarrollar una metodología VSG que permita, además de evaluar la vulnerabilidad sísmica a gran escala de la ciudad de Cali, un acercamiento y compromiso entre el Gobierno Municipal, Universidad del Valle y el Observatorio Sismológico del Sur Occidente, OSSO, sería un paso importante para desarrollar el vínculo mencionado anteriormente.