3. JUSTIFICACIÓN

 

 

 

 

Colombia está localizada dentro de una de las zonas sísmicamente más activas del planeta, la cual se denomina Anillo Circumpacífico y corresponde a los bordes del Océano Pacífico.  El emplazamiento tectónico de Colombia es complejo pues en su territorio convergen la placa de Nazca, la placa Suramericana y la placa Caribe [5].  Gracias a ello Colombia ha sido sometida a una serie de movimientos sísmicos que ha dado como resultado víctimas humanas y daños en edificaciones.

 

Con sólo dos excepciones, las víctimas humanas que se presentan durante los sismos en su gran mayoría están asociadas con problemas en las construcciones.  Las excepciones corresponden a víctimas producidas ya sea por avalanchas disparadas por el evento sísmico, o bien por la ola marina producida por un sismo que ocurre costa afuera, lo que se denomina tsunami.

 

De acuerdo con los estudios realizados para la determinación del grado de amenaza sísmica de las diferentes regiones del país, se encontró que alrededor de 12 millones de colombianos de 475 municipios se encuentran en zonas de amenaza sísmica alta, es decir el 35% de la población; aproximadamente 17 millones de habitantes de 435 municipios localizados en zonas de amenaza sísmica intermedia, equivalentes al 51% de la población del país; y aproximadamente 5 millones de habitantes en 151 municipios localizados en zonas de amenaza sísmica baja, es decir el 14% del total de la población.  En otras palabras, el 86% de los colombianos se encuentran bajo un nivel de riesgo sísmico apreciable, que no sólo depende del grado de amenaza sísmica sino también del grado de vulnerabilidad que en general tienen las edificaciones en cada sitio [5].

 

Para la ciudad de Cali se destacan tres tipos de fuente sísmica de importancia [8] que justifican el calificativo de zona de amenaza sísmica alta para esta región:

 

1.     La “Zona de Subducción”, cuya traza superficial corre a unos 150-200 km. paralela a la Costa Pacifica.  Es la más importante de las fuentes sísmicas en Colombia, en términos de las magnitudes máximas y recurrencias de sismos grandes, con magnitudes mayores de 8.0 en la escala de Ritchter.  Su sismicidad es superficial, hasta profundidades de 40 km. aproximadamente.

 

2.     Sismicidad de la “Zona de Wadati-Benioff”.  Es la parte profunda del plano de fricción  entre la placas que convergen (o sea la continuación de la zona de subducción).  La sismicidad de esta fuente es la más profunda de la región, hasta más de 100 km.  Se concentra en la parte norte del Valle del Cauca.  Sus magnitudes pueden ser de 7.0 en la escala de Ritchter.

 

3.     Sismicidad tipo “Intraplaca”.  A esta categoría pertenecen fallas como la del sistema Romeral y Cauca.  Este tipo de fuente puede generar en principio los sismos más cercanos a la ciudad de Cali (sobre los sistemas de fallas Cauca y Romeral).  Los sismos de Popayán (1983) y Páez (1994) fueron generados por fuentes “Intraplaca”.

 

Según el ingeniero Juan Diego Jaramillo [48] el 80% de las construcciones existentes en las ciudades colombianas son autoconstruidas, no siguieron código alguno de construcción.  Si se agrega el dato que aproximadamente el 83% de las viviendas de la ciudad de Cali corresponden a casas de 1 y 2 pisos [25] y que precisamente este tipo de edificación es la que más sufrió en los sismos de Popayán [47] y el Quindío [37], se observa que estas estructuras merecen tener más importancia de la que comúnmente se les ha dado en la ciudad, donde incluso en instituciones tan importantes como la Universidad del Valle no se ofrece la materia de diseño y construcción en mampostería de manera obligatoria para los estudiantes de ingeniería civil, sino de tipo "electiva" y a lo sumo, durante un semestre por año.

 

Si se quisiera hacer notar la particularidad del Cono Cañaveralejo ubicado en esta ciudad, observaciones registradas en los archivos del OSSO [55] sugieren que este Cono tiene unas propiedades geodinámicas y/o geométricas que inducen amplificación de ciertos períodos de ondas incidentes (excitación sísmica) y también como guía de ondas (excitación superficial).  Por esto se postula que este sector de Cali corresponde a una microzona sísmica, microzona que está siendo estudiada por la estudiante de ingeniería civil de la Universidad del Valle Cristina Rosales desde 1999 [57].

 

Según las fichas prediales de la Oficina de Catastro Municipal [31], el 88% de las edificaciones del Barrio Cuarto de Legua, que forma parte de la zona en estudio, son viviendas de 1 y 2 pisos, y de los 5 barrios de los que se obtuvo información dentro del Cono, éste fue el barrio que tenía la información estructural de las edificaciones más completo.  Por esta razón se escogió al Barrio Cuarto de Legua como barrio piloto en este trabajo.

 

El problema de la predicción del comportamiento sísmico de edificios existentes es esencial en la evaluación de las pérdidas económicas y sociales que los sismos pueden producir en zonas urbanas.  Así el diseño sismo resistente de nuevas estructuras viene estipulado por las NSR-98, que ya han sido comprobadas en sismos reales que garantizan un nivel adecuado de seguridad, no ocurre lo mismo con el comportamiento sísmico de estructuras existentes antes de la vigencia de las Normas, puesto que la mayoría de éstas no fueron diseñadas considerando alguna norma referente a cargas sísmicas, otras han sufrido daños en sismos pasados y otras han sido modificadas como resultado de un cambio de destino.

 

Como bien lo justifica la ingeniera Ana Campos [25]:  "La estimación del riesgo sísmico para la Ciudad de Cali, y en general para cualquier ciudad del país, contribuye con información para la elaboración de políticas de desarrollo urbano, tales como:

 

1.     Modificación del grado de vulnerabilidad de elementos que no pueden ser relocalizados.

2.     Disminución de la densidad de zonas con elementos de alta vulnerabilidad.

3.     Relocalización de elementos de vital importancia.

4.     Definición estratégica de áreas de emergencia."

 

Calcular posibles escenarios de pérdidas para Cali permite al Municipio planear medidas pre y post sismo, como la preparación de médicos, paramédicos, grupos de emergencia, centros médicos, etc., así como determinar anticipadamente las necesidades de la población después del evento.

 

En general, se debe ante todo cuantificar el problema de riesgo sísmico para luego gestionar políticas de inversión, rehabilitación y reforzamiento que minimicen las pérdidas humanas, sociales y económicas de la ciudad.  Está estimado que por cada dólar (US $1) que se invierte en la mitigación del riesgo sísmico, un promedio de diez dólares (US $10) es ahorrado en costos de recuperación después del sismo [38].